El desastre, la destrucción, el día del juicio final ha llegado. Armas llegan por doquier a puertos, aeropuertos, bases militares, ciudades y países. La región se llena de plomo, acero, hierro, radares, balas, tanques, buques, bombas, submarinos. El proyecto nuclear avanza en algunos puntos. Hezbolla ha llegado a Suramérica. Las Farc más diezmadas de la historia -cosa extraña- extienden sus tentáculos por todo el mundo.
La corrupción campea en Carabobo o en Casanare. En el Chimborazo o en el Nevado del Ruiz. En Lima un guerrillero se vuelve mito, en Caracas se hace lo propio y en Bogotá cómplices criminales chillan para no ser juzgados o seguir escondidos en su inmunidad aparentemente inmoral.
El aula más prestigiosa y grande de Colombia escandaliza cuando ella realiza una de esas obras incomprensibles en un performance y reparte líneas a diestra y siniestra. No ha matado a nadie, no ha inducido a nadie, no ha robado a nadie. Su pecado: pensar diferente, ser subversiva, usar recursos públicos. Los demás, los moralistas, atacan con miradas, palabras y acciones legales. “Es inmoral, Dios te castigue. A qué hemos llegado” rebuznan en su trinchera defensora-ofensora de las libertades mentadas desde todas las orillas.
Es, sin duda, el peor escenario. La hecatombe ha llegado. El Doom de los angloparlantes, el acabose. Se nos va al abismo el país, la región, el mundo.
En este escenario todo es válido. Vender, comprar, fiar, pedir, entregar, decir sí, negar, decir no, aceptar. La feria burocrática empieza. En la entrada del Pacífico se incautan millonarias encomiendas en dólares. La fiesta de las campañas pasa saliva mientras ve que sus recursos son interceptados por la fuerza del orden que bajo el nombre de la Policía defiende “sus” intereses.
El referendo, solución y parte del Doom, ha sido aprobado. Entre denuncias de ilegalidad mentadas a todo volumen, a toda hora, por cualquier frecuencia radial, en cualquier espacio noticioso, en primeras páginas, editoriales o columnas de opinión, en blogs, en correos, en llamadas. Entre inhabilidades legalmente superadas –que no legítimamente-, entre sospechas fundadas e infundadas. Todo se ha consumado. El destino queda en manos de la Corte. La Constitucional, la que dicen que es de bolsillo, la que dicen que es independiente, la que no se sabe qué va a hacer.
Es la Hecatombe –con mayúscula- mentada sospechosamente en privado por el señor presidente. La Hecatombe nos rodea, nos arrastra al abismo. Nos vulnera, nos anuncia, nos preocupa, nos asusta. Todo se acaba si el magnificado diablo vecino nos invade. Si el inepto opositor local nos gobierna.
La iniciativa mal pensada, mal planeada, mal lograda. Millones la firmaron; quién sabe cuántos pensando que se inscribían para la rifa de una notaría, quién sabe cuántos conscientes del despropósito de hacer un cambio sin pensar en modificar las estructuras que podrían verse afectadas.
Surge el referendo, la pastilla para todos los males. Para combatir al vecino, a la nueva guerra fría, a la corrupción campante, a la intromisión extranjera, a la amenazante denuncia interna, a la descalificación opositora. Pero surge la Hecatombe, el Doom, como parte de la cura, del antibiótico. La iniciativa cura los miedos, pero no los males. Usa los miedos para justificar sus males.
La Hecatombe hecha cura. La cura hecha Hecatombe: el Referen-Doom.
La corrupción campea en Carabobo o en Casanare. En el Chimborazo o en el Nevado del Ruiz. En Lima un guerrillero se vuelve mito, en Caracas se hace lo propio y en Bogotá cómplices criminales chillan para no ser juzgados o seguir escondidos en su inmunidad aparentemente inmoral.
El aula más prestigiosa y grande de Colombia escandaliza cuando ella realiza una de esas obras incomprensibles en un performance y reparte líneas a diestra y siniestra. No ha matado a nadie, no ha inducido a nadie, no ha robado a nadie. Su pecado: pensar diferente, ser subversiva, usar recursos públicos. Los demás, los moralistas, atacan con miradas, palabras y acciones legales. “Es inmoral, Dios te castigue. A qué hemos llegado” rebuznan en su trinchera defensora-ofensora de las libertades mentadas desde todas las orillas.
Es, sin duda, el peor escenario. La hecatombe ha llegado. El Doom de los angloparlantes, el acabose. Se nos va al abismo el país, la región, el mundo.
En este escenario todo es válido. Vender, comprar, fiar, pedir, entregar, decir sí, negar, decir no, aceptar. La feria burocrática empieza. En la entrada del Pacífico se incautan millonarias encomiendas en dólares. La fiesta de las campañas pasa saliva mientras ve que sus recursos son interceptados por la fuerza del orden que bajo el nombre de la Policía defiende “sus” intereses.
El referendo, solución y parte del Doom, ha sido aprobado. Entre denuncias de ilegalidad mentadas a todo volumen, a toda hora, por cualquier frecuencia radial, en cualquier espacio noticioso, en primeras páginas, editoriales o columnas de opinión, en blogs, en correos, en llamadas. Entre inhabilidades legalmente superadas –que no legítimamente-, entre sospechas fundadas e infundadas. Todo se ha consumado. El destino queda en manos de la Corte. La Constitucional, la que dicen que es de bolsillo, la que dicen que es independiente, la que no se sabe qué va a hacer.
Es la Hecatombe –con mayúscula- mentada sospechosamente en privado por el señor presidente. La Hecatombe nos rodea, nos arrastra al abismo. Nos vulnera, nos anuncia, nos preocupa, nos asusta. Todo se acaba si el magnificado diablo vecino nos invade. Si el inepto opositor local nos gobierna.
La iniciativa mal pensada, mal planeada, mal lograda. Millones la firmaron; quién sabe cuántos pensando que se inscribían para la rifa de una notaría, quién sabe cuántos conscientes del despropósito de hacer un cambio sin pensar en modificar las estructuras que podrían verse afectadas.
Surge el referendo, la pastilla para todos los males. Para combatir al vecino, a la nueva guerra fría, a la corrupción campante, a la intromisión extranjera, a la amenazante denuncia interna, a la descalificación opositora. Pero surge la Hecatombe, el Doom, como parte de la cura, del antibiótico. La iniciativa cura los miedos, pero no los males. Usa los miedos para justificar sus males.
La Hecatombe hecha cura. La cura hecha Hecatombe: el Referen-Doom.

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