16 de octubre de 2009

La horrible Noche

La libertad de expresión, de prensa y la seguridad son vendidas a diario por las voces oficiales como un beneficio que ‘amablemente’ nos ha otorgado el gobierno del presidente Álvaro Uribe Vélez en sus ya casi ocho años de mandato. Un beneficio que parece respaldarse con el ejemplo del vecindario en donde las libertades parecen relegadas a la ficción oficial.

Entre los argumentos esgrimidos por funcionarios, asesores y opinadores afines al régimen, están el de que hace unos años el índice de crímenes y amenazas contra periodistas era mucho mayor al que se presenta actualmente o el de que “aquí sí hay libertad, no como en Venezuela”, país en el que ser opositor es aceptado como una renuncia que se acepta inmediatamente, parafraseando una amable expresión surgida recientemente.

En gracia de discusión vamos a aceptar estos argumentos sin referirnos a que la libertad y la seguridad no son favores del gobierno de turno sino su obligación constitucional como cabeza de la institucionalidad. También aceptaremos que no hay cierre de medios.

El problema va más allá: en Colombia no se cierran medios porque no es necesario hacerlo. Los escándalos de corrupción, de delitos institucionales, de mentiras oficiales, de complicidades gubernamentales pasan sin dejar mayor huella. Provocan horas de análisis y cubrimientos en radio y televisión, además de largas alfombras de prensa que, más tarde pasarán al olvido.

Eso en el mejor de los casos.

Porque la censura, que sí existe, surge de diversas maneras: con acusaciones, señalamientos, presuntas renuncias aceptadas, columnistas despojados de sus espacios, amenazas contra sus vidas.

Hollman Morris, Claudia López, Daniel Coronel, Javier Dario Restrepo, Fernando Garavito, Daniel Samper Pizano, la revista Semana y muchos otros, hacen parte de la lista de víctimas del improperio presidencial, a veces soterrado, que ha obligado a algunos de ellos al exilio, a la pérdida de su tranquilidad o la salida de uno u otro medio, generalmente afín al régimen.

Las acusaciones presidenciales no han tenido las repercusiones políticas y legales que deberían sucederse. Libertad sin garantías no es libertad.

Aunque en sus columnas, espacios mediáticos y opiniones se pueden identificar críticas a sectores nacionales o extranjeros de diferentes corrientes, arriesgarse a la denuncia fuerte contra el Gobierno fue su peor pecado. Las consecuencias son claras.

Fernando Garavito -‘el señor de las moscas’- en los albores del gobierno Uribe se convirtió en uno de los primeros en ser silenciado. Junto a su expulsión inexplicable de El Espectador, vino el exilio. Javier Darío Restrepo, reconocido como maestro por muchos de sus colegas, recientemente perdió su espacio en el cada día más gobiernista y moralista El Colombiano.

Hollman Morris, Semana, Daniel Coronel y Samper Pizano sufren acusaciones y descalificaciones por parte del jefe de estado o sus amables asesores y opinadores en diversos medios masivos con la mirada pasiva de sus directivas (intriga que Claudia López fuera expulsada de El Tiempo por sus palabras mientras que las acusaciones groseras y ofensivas de José Obdulio Gaviria, Fernando Londoño Hoyos y Plinio Apuleyo Mendoza, entre otros, sigan impunes publicándose de manera puntual).

Y recientemente, Claudia López, quien se atrevió a criticar a su propio medio por su cercanía con el Gobierno. Actitud que le representó su peor pecado.

Contrasta esta situación con la de La Noche de RCN, cuyos espacios se han dedicado a acusar, investigar y analizar sistemática y parcializadamente, a los regímenes de Hugo Chávez y Rafael Correa, por ejemplo, además de a quienes son acusados por el gobierno Uribe de ser cómplices, amigos o idiotas útiles de las Farc.

Nulas son las emisiones de La Noche en las que se emiten análisis serios e imparciales frente a los falsos positivos, la crisis económica en el sistema educativo nacional, las ilegalidades de los proyectos reeleccionistas, las amistades peligrosas del presidente Uribe o los subsidios del AIS que tanto escandalizaron al país.

Tal vez estos temas vulnerarían aun más el rating que al filo de la media noche apenas alcanza su programa. Tal vez es mejor no criticar al régimen que tanto se ha apoyado en diferentes espacios noticiosos (incluso en las secciones de farándula) u otros. Algún rédito tiene que haber.

También intriga que la misma Claudia Gurisatti que entrevistó hace unos años en ese mismo espacio al comandante del grupo paramilitar AUC, cuando éste estaba en la ilegalidad, hoy se atreva a escandalizarse ante las posibles conversaciones que colegas suyos u otros personajes tengan con quienes disparan desde la otra orilla armada, llámense Farc o ELN.

Intriga su falta de solidaridad en el caso Morris. Su silencio, como directora de La Noche intriga y preocupa.

Addenda:

¿Qué habría pasado si el cantante Residente hubiera vestido una camisa con la leyenda “Uribe hombre de paz”? Seguramente Roy Barreras, entre otros, no habrían desaprovechado el chance de decir que “la juventud de todo el mundo está con Uribe”. Como el caso fue bastante opuesto, Barreras supo condenar el hecho con su particular e insoportable estilo.

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